Bodega

La historia conjunta de Madrigal y su vino verdejo se remontan por escritos a 1374; por tanto si el primer documento en el que se cita Madrigal es de 1304, podemos decir que Villa de Madrigal nació casi a la par que el vino que se elaboraba en la misma y en la zona.

Hoy en día, los pocos viñedos que sobreviven en Madrigal de las Altas Torres, están amparados bajo la denominación de origen Rueda, concepto este de las denominaciones de origen muy moderno, por eso aún más sorprendente es que ya en los siglos XV, XVI y XVII, en muchas poblaciones de España se importara vino denominándolo “Vino cepa de Madrigal” para referirse al vino blanco de calidad, sin importar que en muchos casos que ese vino procediese de otras poblaciones de la zona y no específicamente de Madrigal. Incluso hoy en día se denomina “cepa de Madrigal” la variedad de uva blanca, conocida más comúnmente como verdejo. Ahora ya está todo “inventado”, pero no debemos olvidarnos que hubo un tiempo en el que no se documentaban las denominaciones de origen, pero el saber popular otorgaba el marchamo de calidad.

Ya son conocidas las menciones que se hacen al vino de Madrigal en obras literarias tan extendidas como La Celestina (1499) y el Licenciado Vidriera (1613). Eran tiempos en los que el vino era una parte imprescindible de la cultura, en el que el vino iba unido a la vida diaria, ratos de festividades unidos a los de trabajo… El vino era un aspecto importante de la economía de todas las poblaciones, por eso no es extraño que se vea reflejado en la literatura como un preciado líquido que saciaba gargantas y corazones. Son incontables los textos del siglo pasado donde se alaba nuestro vino como uno de los mejores del reino.

El vino de Madrigal no sólo traspasaba las fronteras geográficas, sino también las sociales. Era apreciado por todos los estratos de la población: en el siglo XIV se consume en la corte castellana de Enrique II, en el XV en la de Isabel La Católica, en la aragonesa de Alfonso V, o en la Navarra de Carlos III el Noble…

Existió en Madrigal la taberna del concejo, que salía a subasta como el resto de los ramos, y de 1804 tenemos la noticia de la orden del derribo de dos casillas, que se encontraban delante de los soportales de la Plaza de San Nicolás, y que regularmente han servido para el despacho de taberna de vino.

Las bodegas son otro de nuestro vestigios cosecheros, conservándose aun hoy varias bodegas de tamaño considerable aunque en desuso y abandonadas en algún caso. La primera referencia que tenemos al uso de bodegas de la villa es de 1616, año en que se visitaron más de 60 bodegas, desde entonces el número desciende con pequeños altibajos.

“Vino de Madrigal me quita de todo mal”

“Que bien qué mal, pan candeal y vino de Madrigal”

 

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